
Ayer Mario Benedetti alcanzó la inmortalidad – aunque estoy seguro de que la hubiese cambiado por más tiempo entre nosotros.
Se le va a extrañar porque es uno de esos poetas que definieron nuevos lenguajes, nuevas palabras y nuevos horizontes para la relación amorosa.
En algún momento le conocí, brevemente, durante un recital de poesía en la Casa del Lago: su mirada chispeante e inquieta recorría sin cesar el espacio atiborrado de escuchas. Un amigo mutuo nos presentó, balbuceando, le dije alguna tontería (como es mi costumbre) intrascendente y con esa misma mirada chispeante e inquieta me dijo que “la emoción es genuina: haga usted a un lado las palabras, en éste momento nos están de más”
Ya nos veremos Mario – no demasiado pronto, espero.
Te quiero
Tus manos son mi caricia, mis acordes cotidianos; te quiero porque tus manos trabajan por la justicia. Si te quiero es porque sos mi amor, mi cómplice, y todo. Y en la calle codo a codo somos mucho más que dos. Tus ojos son mi conjuro contra la mala jornada; te quiero por tu mirada que mira y siembra futuro. Tu boca que es tuya y mía, Tu boca no se equivoca; te quiero por que tu boca sabe gritar rebeldía. Si te quiero es porque sos mi amor mi cómplice y todo. Y en la calle codo a codo somos mucho más que dos. Y por tu rostro sincero. Y tu paso vagabundo. Y tu llanto por el mundo. Porque sos pueblo te quiero. Y porque amor no es aurora, ni cándida moraleja, y porque somos pareja que sabe que no está sola. Te quiero en mi paraíso; es decir, que en mi país la gente vive feliz aunque no tenga permiso. Si te quiero es por que sos mi amor, mi cómplice y todo. Y en la calle codo a codo somos mucho más que dos. Mario Benedetti.