Pervivencia y voluntad.

En casi cualquier país del mundo existen costumbres religiosas/creencias que perviven al paso del tiempo: desde los rituales iniciáticos indios, hasta los bautismos en masa realizados a las orillas del río Mississipp pasando por las qeu suceden en México.

Un ejemplo de lo anterior y en México, es el ritual de los “fariseos” en Sonora.

La foto corresponde a un par de ellos llevando a cabo su “manda” (o promesa) en el centro de la ciudad de Hermosillo, Sonora apenas el pasado mes de Abril. Precisamente antes de la semana santa.

Los “fariseos” le prometen a un santo o directamente a Dios, hacer la “manda” si les ayuda en algún trámite o percance difícil (enfermedad, líos legales, etc.). La “manda” consiste en usar una máscara confeccionada con piel de res, cerdo o incluso cartón toda vez que sea confeccionada con fervor y devoción.

Además de usar la máscara, el “fariseo”, debe danzar en lugares públicos y de ser posible, recolectar dinero para mantenerse durante 40 días – el mismo período que Jesús estuvo en el desierto de acuerdo con la Biblia.

Durante esos 40 días, el “fariseo” no puede regresar a su casa, cambiarse de ropa o hablar mientras está danzando. Cada “fariseo” es acompañado por otro fariseo quien se encarga de tocar el tambor mientras baila: no hay roles prefijados, pero uno de ellos puede ser el que baila siempre y el otro quien toca el tambor.

Es una prueba de voluntad y entereza tanto física como mental que se autoimponen aquellos que participan en éstos rituales. De hecho, todo ritual se basa en la voluntad de los individuos para perpetuarse, automantenerse y ejecutarse: podría decirse que -desde cierta perspectiva- los rituales tienen existencia propia, definiendo la vida de sus practicantes de manera cierta y contundente. Son mucho más poderosos que la asistencia a misa o a ceremonias religiosas porque demandan la entrega física, mental y espiritual del (o de los practicantes).

Esa es una de las razones de la pervivencia de los rituales religiosos – y la existencia de los rituales es a su vez, una reafirmación de nuestra humanidad real y concreta, porque solo los humanos podemos reír y crear rituales de diversos significados – no solo religiosos.

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