El valor de los valores.

Nietzsche retaba a sus lectores a que evaluaran el valor de sus valores morales, porque para él la moral crsitiana y centroeuropea respresentaba un obstáculo al desarrollo humano.

La foto del texto es parte de una suerte de “manual de las buenas costumbres” creado por y para la organización de narcotraficantes llamada “La Familia” que opera(ba) en el la zona centro-oeste de México.

Como puede leerse, éste texto podría ser parte de cualquier manual de autoayuda o parte de una conversación muy íntima, cálida y vivificante. Sin embargo, éste texto es parte del “cemento” moral que aglutina(ó) a la organización criminal.

Cuando Nietzsche reta a sus lectores acerca del valor de los valores, también los reta a subvertir esos valores. La subversión nietzschiana consiste en darles otro contenido a esos mismos valores (transvaloración), para des-obstaculizar el desarrollo humano. Naturalmente Nietzsche nunca supuso que la transvaloración sería un proceso usado por organizaciones criminales.

Lo cual es, por cierto, una práctica cultural común e históricamente bien delimitada: ahí están los casos de la mafia siciliana, la camorra italiana, las mafias rusas y por supuesto los narcos mexicanos.

Porque cada grupo social (o segmento) busca códigos comunes que les permitan identificarse y reconocerse como parte de un todo superior al individuo. Es el sentido gregario en una palabra el que nos conduce a la identificación, a la diferenciación y a la aglomeración.

Los códigos fundacionales de “La Familia” se encuentran precisamente en los valores constitutivos de la familia clásica: papá, mamá e hijos. Y esos códigos resultan ser muy poderosos, y convenientes, porque vinculan a los individuos entre sí a partir de ésta evidencia empírica y contundente: la familia es donde encuentras  cobijo, comprensión y apoyo.

Un valor común a todos nosotros que una vez transvalorado se convierte en su contrario, porque nada más letal a la idea de familia que una organización criminal que se organiza en base a los mismos códigos éticos y morales con el único propósito de delinquir.

Como fenómeno cultural es históricamente repetitivo porque es la única manera en que las organizaciones criminales pueden contender con los códigos éticos y morales de la sociedad entera.

No deja de ser espeluznante por supuesto.

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