Missing.

Ayer estuve en la Ciudad de Guadalajara, para una junta con uno de mis clientes, y a pesar de todas las medidas sanitarias y de todas las campañas, el aeropuerto funcionaba casi igual que antes de la aparición de la influenza.

No había estaciones sanitarias en la sala de llegadas – había una en el áera de entrada a las salas de espera para las “salidas”, no mal montada: con monitores de temperatura corporal, llenado de formularios, entrega de mascarilla y folletín de recomendaciones.

El personal del avión (Mexicana) no usaba mascarillas, ni guantes y en general no se apreciaba que la línea aérea hubiese tomado medida sanitaria alguna: toto funcionó tal y como antes de la emergencia sanitaria.

Si bien estuve unas cuantas horas, no ví a nadie que usara mascarilla o guantes; la información sobre medidas sanitarias no la ví por ningún lado.

Fué como si Guadalajara fuese no solo otra región del país sino otro país: por lo que ví y viví, para ellos es como si no hubiese pasado nada, absolutamente nada.

Naturalmente compartí con uno de mis anfitriones lo peculiar de la situación entre el D.F. y Guadalajara.

Mi anfitrión respondió: “Lo que pasa es que acá están ocultando la información. No nos dicen que está pasando, pero el amigo de un primo …”.

No dudo que el relato de mi anfitrión sea verídico, ya que desde la perspectiva de la comunicación y de las relaciones humanas, no existen vacíos: de una manera u otra, esos vacíos dejan de serlo muy rápidamente y se “llenan” prácticamente con cualquier cosa.

El manejo de la información resulta ser una tarea clave en casi todas las situaciones, por tanto es preferible (y ésta es la number one rule de las agencias de relaciones públicas) dar la cara desde la primer ocasión y enfrentar los hechos directamente.

Si el gobierno estatal de Jalisco enfrentase la situación aplicando las medidas sanitarias, además de informar acerca de la situación de la influenza en Jalisco, muchos rumores desaparecerían, y seguramente aparacerían otros -tales como: “eso es lo que dice el gobierno, pero al amigo de mi primo le contaron que …”– pero la aplicación de las medidas permitiría confrontar hechos con palabras.

Por eso decía mi abuela que “obras son razones, no buenas intenciones“.

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