Marca-ciudad: la experiencia de ciudad Satélite – II

El primer paso en el proyecto de la creación de la marca-ciudad fué la exploración, investigación y análisis de experiencias previas tanto nacionales como internacionales, para documentar prácticas y procesos.

Uno de los casos más interesantes lo hallamos en nuestro país y se refiere a la planeación, construcción y desarrollo de Ciudad Satélite.

Bajo el mandato del presidente Miguel Alemán (1946-1952), la ciudad de México empezó a crecer desmesuradamente hacia el Estado de México, y fue en 1957 cuando surgió lo que hoy conocemos como Ciudad Satélite.

Fundada con la idea de crear una zona habitacional similar a los “suburbios” de las grandes metrópolis de Estados Unidos y otros países, donde sus habitantes no tienen necesidad de ir a la zona centro de la metrópoli, excepto para trabajar.

El nombre (o lo que es hoy, la marca-ciudad) de Ciudad Satélite se debe a que, al momento de su creación, se diseñó con todos los servicios básicos indispensables para ser una pequeña ciudad independiente en casi todo del Distrito Federal, pero por estar tan cerca de la Ciudad de México, se le denominaba como un Satélite de la ciudad.

El diseño original del fraccionamiento corresponde a Mario Pani, José Luis Cuevas, y Domingo García Ramos.
En este lugar nació la primera tienda de autoservicio, el primer autocinema y el primer centro comercial del país (Plaza Satélite).

La característica principal de Ciudad Satélite es una bien pensada planeación urbana previa a su construcción.

La ciudad de los circuitos como también se le conocía debido a la complejidad de este sistema urbanístico no solo consistía en una traza de vialidades de forma circular, sino que en ella se reflejaban las necesidades tempranas de una modernidad en constante movimiento y crecimiento que precisamente buscaba soluciones a la alarmante sobrepoblacion en todas las ciudades antiguas.

A partir de 1952, y a pesar de no estar terminada, la gente empezó a mudarse debido a los atractivos precios y aún sin contar con todos los servicios públicos, el consumidor se sentía atraído por la promesa de una nueva ciudad con todos los beneficios en un mismo lugar.

Aunque inicialmente  se pensó para la clase trabajadora del Distrito Federal, el éxito que tuvo Ciudad Satélite fue tal, que recibió principalmente a las clases medias de la Ciudad de México que buscaban la tranquilidad y comodidad que la capital comenzaba a perder.

Hoy en día, Ciudad Satélite marca un antes y un después en las políticas urbanas de la Ciudad, y en el papel de los desarrolladores, políticos, artistas, arquitectos, urbanistas y paisajistas, que desde entonces han dejado de trabajar de manera conjunta.

Sin embargo, las grandes expectativas inicales se han diluído a causa de la explosión de la mancha metropolitana, la especulación y la falta de continuidad del planteamiento inicial.

Sin embargo, como proyecto urbanístico fué un éxito completo desde todos los puntos de vista: proyectó una zona con una dinámica de arraigo y pertenencia propias, creó cadenas productivas de múltiples capas, creó una cultura completa, patrones de conducta y consumo diferentes a otras zonas del país, incluso a nivel del trazado y perspectiva del diseño del mobiliario urbano, etc. etc.

Ciudad Satélite es una referencia histórica obligada en varios campos del saber y hacer humano.

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