Clasemedieros

Nexos publica en su edición más reciente, una serie de ensayos acerca de la clase media en México.

Dichos ensayos intentan definir el significado conceptual -y real- de lo que se define como clase media, o más precisamente “clases medias” en nuestro país.

Para la mercadotecnia e investigación de mercados, las clases medias están más o menos claramente definidas: al menos funcional y operativamente hablando. Más aún, para éstas disciplinas la cuestión no reside en la definición de clases medias sino en los segmentos, conductas, actitudes y hábitos que éstas tienen.

En Nexos por su parte, la tarea es casi la misma:

“Sea como fuere, el hecho es que la clase media mexicana está integrada por estratos muy distintos de ingresos y evidencia una gran diversidad de acuerdo a su origen, tipo de empleo y pertenencia.

Naturalmente, el enfoque de la revista incide en el enfoque mismo de los ensayos – del mismo modo en que el enfoque de la mercadotecnia y la investigación de mercados define el enfoque de sus análisis.

Además, tanto la mercadotecnia et al y los ensayos de Nexos se alimentan de las mismas fuentes de información: censos, estudios de consumo, profesión, ingresos, desplazamientos, etc.

Por tanto para todo propósito práctico tanto en Nexos como en el mundo de la mercadotecnia se llega a las mismas conclusiones: las clases medias son muy complejas, dinámicas y juegan un rol muy específico en nuestra sociedad actual – estabilización, consumo y desarrollo. Nada nuevo bajo el sol.

El presupuesto es el mismo en todos los casos: el desarrollo económico da lugar a las clases medias, ergo, las clases medias se definen en primerísimo lugar a partir de su posición en el proceso productivo – Marx dixit -, de hecho todas las clases sociales se definen a partir de su posición dentro de ese proceso. Comprensible y racionalmente justificado.

Es más, creo que no existe un solo profesional de las ciencias sociales (las cuales incluyen a la mercadotecnia e investigación de mercados por supuesto) que lo niegue. Es parte de nuestro saber gremial para comprender mejor al segmento -o conjunto de segmentos- más importante socialmente hablando. Y hacemos diversos intentos con los mismos datos. Por ejemplo, el diario El Clarín, nos ofrece una perspectiva casi freudiana al comparar el yo y el superyo de la clase media argentina:

“Entre las consecuencias de la crisis de 2001/2002, se generó una paradoja: la gente tiene la percepción de pertenecer a una clase social distinta de la que realmente le toca por su nivel de ingreso. Y, en general, es el concepto de clase media lo que oficia de “imán”, de atracción, y de definición de pertenencia económico—social. Además, esta sensación llega desde los dos extremos de la pirámide social.”

Analizando los análisis, en realidad estamos hablando de un fenómeno cultural donde el criterio  fundamental de clasificación de los segmentos es la posición económica de los individuos. Por eso hablamos de la pirámide social: hasta arriba los que más tienen, hasta abajo los que menos tienen.

Pero, como también se lee, existen otras líneas de análisis que buscan complementar la noción-concepto de clases sociales: autopercepción, expectativas, creencias, etc. De ahí que los análisis resulten desde mi punto de vista prácticamente coincidentes – lo cual fué basatente bueno porque permite hacer comparaciones multidimensionales.

Pero pongamos por caso que eliminamos la variable económica – la madre de todas las variables en el análisis- y organizamos la información a partir de otras variables como por ejemplo, creencias, hábitos de vida, proceso de toma de decisiciones, etc. Cualquiera otra variable que permita re-pensar al individuo y al colectivo-segmento-red donde está inserto y que nos permita indagar y comprender sus circunstancias existenciales desde la perspectiva de sus propósitos y no de sus ingresos, porque si existe algo así como la evolución del individuo y de la sociedad, deberíamos de ser capaces de crear escenarios alternos de comprensión y análisis.

A final de cuentas, las aspiraciones y propósitos de los individuos no están motivadas únicamente por sus ingresos económicos: la extraordinaria vitalidad de la narcocultra en nuestro país así lo demuestra.

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